Todas las claves de los productos ecológicos y los alimentos ‘bio’ en España

¿El miedo al COVID 19 lleva a comer sano?

Muchos factores se han sumado para que se dispare la compra de alimentos ‘Bio’ y de productos ecológicos. El temor a contraer la enfermedad ha contribuido, a que las personas asuman que una buena alimentación puede ser muy positiva para la salud y que, quienes tienen un sistema inmunológico fuerte están menos expuestos a padecer las peores consecuencias del COVID 19.

Por otra parte, el confinamiento ha llevado a muchos a informarse acerca de cómo acceder a una alimentación más saludable y a día de hoy, de cada diez personas que viven en España, seis gastan una mayor cantidad de dinero en adquirir habitualmente productos más sanos y menos procesados, que antes de la declaración de la pandemia.

Todas las claves de los productos ecológicos y los alimentos ‘bio’ en España

A ello se le suma que las empresas, los productores, las tiendas eco, etc. se han reinventado en estos tiempos de crisis, fomentando la distribución de productos a nivel local, acercándolos a los usuarios y/o vendiendo online. Aun así, el consumo de alimentos bio y de productos ecológicos sigue siendo mínimo entre los españoles, puesto que no supera el 1% del total.

¿Qué se ofrece en el mercado?

Es importante que el consumidor sepa lo que encontrará en el mercado. Los productos etiquetados como Bio, eco, y orgánico, en España son prácticamente sinónimos, según la certificación en vigor y son los que provienen de la agricultura ecológica, es decir que, ni son genéticamente modificados, ni fueron tratados con productos químicos y se cultivaron siguiendo los ciclos naturales de cada planta.

En cuanto a los productos que se pueden adquirir en el área de alimentación destacan los que provienen de la corriente denominada “real food”, que propugna el consumo de alimentos poco procesados, con el fin de conservar no solo los sabores de cada ingrediente, sino que el potencial nutricional del conjunto esté prácticamente intacto.

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También hay clasificaciones que se refieren al estilo de vida que adoptan quienes los consumen, como es el ejemplo de los productos veganos, que no solo se limitan a la comida, sino que abarcan ropa, zapatos, complementos, cosméticos, limpiadores y un largo etc. Otro de los grandes movimientos en cuanto a la comida es el de la “Slow Food” (comida lenta).

El mercado de estos productos ha experimentado un crecimiento neto, que supera el 17% y España sigue siendo líder en cuanto a producción agrícola de corte ecológico en Europa y está entre los 10 primeros del mundo. La contrapartida es que lo que se produce se debe exportar mayoritariamente.

Una ley muy necesaria

A fines del año 2020 la CE decidió que el Reglamento 848/2018 que estaba previsto comenzase a regir el 1/1/2021 lo hiciese un año después, es decir, el 1/1/2022, debido s la crisis sanitaria originada por la pandemia. El sector productivo ecológico español aplaudió este retraso, dado que les permite un margen de 12 meses adicionales para adaptarse a las nuevas normativas, que serán básicas para la puesta a punto de la PAC (Política Agrícola Común) europea.

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Entre los cambios más significativos que traerá aparejada la puesta en funcionamiento de este reglamento está la inclusión de más productos en la categoría de ecológicos, nuevas normas que afectan a la producción de animales, la apuesta por una producción europea competitiva o las novedades en el ámbito del etiquetado.

¿Qué es lo que está faltando?

Cada área específica del sector de la producción ecológica tiene sus propias quejas y acusa falencias especiales. Una de las grandes protestas se debe a la aparición de las marcas blancas de corte eco y bio, que según muchas voces no son exactamente lo que dicen ser (de hecho, algunos supermercados ya han recibido varios “tirones de oreja” al respecto) y perjudican la imagen global del sector.

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Otro de los inconvenientes que ven muchos productores son los tiempos y procesos que se requieren para convertir las tierras de cultivo tradicionales en campos de cosecha ecológica, ya que alegan que se “mete todo en una misma bolsa” y no se toman en cuenta las particularidades de cada región y sus capacidades de reciclaje y reversión.

En cuanto a los usuarios, muchos se quejan de que, como sucede con los cultivos tradicionales, los productores están haciendo más caso al cliente que exige perfección, en detrimento de los que quieren más calidad y mejor sabor y que cada día crece más la cantidad de intermediarios, lo que no solo encarece el precio final de los productos, sino que, cada traslado contribuye a aumentar la contaminación medioambiental.

También creen que, es importante que en el etiquetado se expliciten datos tan importantes como son: la huella hídrica y la de carbono de los productos o la especificación del tipo de tratamientos a los que se someten a los cultivos y que los productos y los elementos que se empleen como pesticidas y/o abonos naturales tengan trazabilidad.

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En definitiva, si bien hay un crecimiento sostenido en cuanto al consumo eco en España, queda mucho camino por recorrer, para lograr que más gente entienda lo importante que es alimentarse de manera más sana y a emplear productos que contengan cantidades cada vez menores de elementos dañinos y contaminantes. Nos va en ello la vida.

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